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El rebozuelo dorado está entre las setas silvestres más queridas de Europa y Norteamérica, apreciado por un perfume afrutado a albaricoque y una carne firme y picante que nunca se deshace. Forma asociaciones micorrízicas con los árboles, razón por la que se resiste al cultivo y debe recolectarse. La clave diagnóstica es su envés: no láminas verdaderas sino 'falsas láminas' o crestas poco profundas, romas y bifurcadas que descienden por el pie, y toda la seta es maciza (no hueca) y del mismo color mantecoso en su totalidad. Esto la separa de la peligrosa seta de calabaza, que tiene láminas verdaderas y afiladas y crece en grupos sobre madera.
Aroma afrutado a albaricoque, suavemente picante, firme y limpia.
De verano a principios de otoño tras lluvias cálidas; solo silvestre.
La identificación es una cadena de pistas que debe todas coincidan. Esto es una referencia, no una autoridad de identificación: confirma cada hallazgo silvestre con un experto.
Crece en GRUPOS densos sobre madera/raíces enterradas, tiene láminas VERDADERAS, afiladas y no bifurcadas, carne naranja por dentro y brilla levemente. Provoca trastornos gastrointestinales graves.
Láminas verdaderas bifurcadas pero blandas, más anaranjada, carne más fina; puede sentar mal a estómagos sensibles.
De color yema de huevo a dorado en su totalidad, crestas ROMAS bifurcadas de falsas láminas que descienden por el pie, carne maciza, leve olor a albaricoque, crece del suelo en solitario o disperso.
Cocina siempre por completo antes de comer, y prueba solo una pequeña porción de cualquier especie que te sea nueva.